sábado, 23 de junio de 2012

Leyendo en las redes sociales como la gente se saluda efusivamente con tanta simpleza, con una inocencia infantil en veinteañeros, con un estilo de hablar que me parece cursi, lento e intrascendente.

Me desespera tanta sosedad que ya no comprendo, me inspira flojera decir te quiero, con esos te quiero que suenan a hoja en blanco, a palabra ocasional. Luego me tranquilizo pensando en que cada quien tiene derecho a eligir y vivir sus propias banalidades.

Pero no lo resisto, pasar la vida en platicas de cafés presumidos inhibiendo el intelecto. Pasando lista en compromisos aburridos como si les diera miedo a la soledad, como si solo palabras estereotipadas de tarjeta de cumpleaños mantuvieran la amistad o el amor. Tan devaluada la estrategia de Benedetti "Mi táctica es construir con palabras un puente indestructible"

A veces al ver esa danza de hipocresía siento un ligero aburrimiento de la humanidad, o al menos de sus métodos de relacionarse.

Soy un amargado. FIN.






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